La Nueva Realidad Agrícola Frente al Cambio Climático

Agroclub

El cambio climático ya no es un fenómeno futuro: es una realidad que está modificando la temperatura, la humedad, la disponibilidad de agua y, en consecuencia, el comportamiento de los cultivos en todo el mundo. Para entender cómo estas variaciones afectan directamente a la agricultura, es indispensable comprender un concepto clave: el déficit de presión de vapor, conocido como VPD (Vapor Pressure Deficit).

¿Qué es la VPD y por qué determina la salud de los cultivos?

La VPD es la combinación entre temperatura ambiental y humedad, y permite estimar la demanda evaporativa de la atmósfera. En términos simples, indica cuánta agua necesita liberar una planta para equilibrarse con el aire que la rodea.

Este indicador es crucial porque está directamente relacionado con el proceso de fotosíntesis. Para que una planta crezca, sus estomas deben abrirse para intercambiar gases: liberar vapor de agua y captar CO₂. Esta apertura está condicionada por la temperatura, la radiación solar, la humedad del aire y la disponibilidad de agua en el suelo.

  • A mayor temperatura, mayor VPD.
  • A mayor VPD, mayor pérdida de agua y mayor estrés para la planta.
  • Si la temperatura sube, pero el suelo no tiene suficiente agua, se genera un shock fisiológico.

Este estrés térmico e hídrico se traduce en menor crecimiento, menor rendimiento y menor valor en el mercado.

El ciclo de crecimiento de una planta: dónde ocurre el mayor riesgo

Las plantas siguen un ciclo natural:
semilla → crecimiento vegetativo → floración → llenado de fruto → cosecha.

La etapa más sensible al cambio climático es la pre-floración, es decir, el crecimiento vegetativo. Aquí la planta define su arquitectura, acumula biomasa y establece su potencial productivo. Cualquier estrés antes de la floración puede reducir fuertemente el rendimiento final.

  • Estrés pre-floración: impacto directo en la producción.
  • Estrés post-floración: la producción puede sostenerse hasta en un 70–80%.

Por ello, el manejo de agua, temperatura y suelo debe priorizarse antes de la floración para asegurar una producción estable.

Temperaturas en aumento: el impacto de los “días térmicos”

Un concepto esencial para entender el crecimiento bajo escenarios de calentamiento global son los días térmicos. Las plantas requieren un promedio de 24°C por día para avanzar un día normal en su ciclo.
Si la temperatura llega a 36°C, ese día representa 1.5 días térmicos, acelerando el desarrollo.

Esto genera dos efectos:

  1. Ciclos más cortos: la planta completa su desarrollo demasiado rápido.
  2. Menor rendimiento total: aunque crece más rápido, no completa su formación fisiológica.

Agua y humedad del suelo: un recurso cada vez más limitado

Las proyecciones muestran que en la mayoría de regiones agrícolas del mundo, la humedad del suelo disminuirá debido a:

  • Mayor evaporación por temperaturas elevadas,
  • Menor retención del agua en suelos áridos,
  • Variaciones en los patrones de lluvia.

Incluso en zonas con precipitaciones abundantes, los intervalos entre lluvias pueden alargar periodos secos, afectando la disponibilidad constante de agua que requieren los cultivos.

Esto eleva el riesgo de estrés hídrico, especialmente en sierras y zonas de temporal.

Variaciones en la precipitación: lluvias más irregulares

El cambio climático no solo altera cuánto llueve, sino cuándo y con qué intensidad. En agricultura, la irregularidad es tan perjudicial como la falta de lluvia. Si una planta no accede diariamente al agua que necesita, su crecimiento se limita.

En áreas donde se depende de la lluvia (y no de riego tecnificado), las pérdidas serán más significativas.

VPD, estrés y rendimiento: ¿cuándo ocurre el mayor daño?

Las proyecciones señalan que el estrés más crítico es el que ocurre antes de la floración. Si el VPD aumenta demasiado en esta etapa, la planta:

  • Reduce la fotosíntesis.
  • Cierra estomas.
  • Desacelera el crecimiento.
  • Disminuye drásticamente su rendimiento final.

Esto obliga a los productores a adoptar prácticas que preserven la humedad del suelo y reduzcan el estrés térmico, como:

  • Cobertura vegetal.
  • Acolchado.
  • Riego por goteo.
  • Manejo de sombra.
  • Mejoramiento de suelos.

Impactos globales: el caso del maíz como ejemplo crítico

El maíz, uno de los cultivos más importantes del mundo, muestra claramente los efectos del cambio climático:

  • Con un aumento entre 3°C y 4°C, la producción podría caer más del 25%.
  • Los ciclos de cultivo se acortarán.
  • La demanda superará a la oferta, elevando los precios.
  • Las regiones más afectadas serán aquellas dependientes de una sola campaña agrícola anual.

Aunque algunas variedades podrían mostrar un incremento temporal de crecimiento por mayor CO₂, a largo plazo predominará el estrés térmico y la caída en rendimiento.

Otros sistemas productivos también están en riesgo

El incremento de la temperatura superficial del agua afectará la marisquería y acuicultura, donde muchas especies son altamente sensibles incluso a variaciones de 1–2°C.

Los ecosistemas naturales también verán alterados sus ciclos y fenologías, afectando plantas ornamentales y flora nativa.

La fertilidad del suelo: otro factor crítico en declive

El cambio climático también está reduciendo la biodisponibilidad de nutrientes. Con menor humedad y más temperatura:

  • Los nutrientes se vuelven menos accesibles.
  • Se requieren más fertilizantes.
  • La fertilidad general disminuye.
  • La producción cae hasta un 30% en los escenarios más extremos.

La combinación de menos días cultivables, menor agua y suelos más pobres compromete la seguridad alimentaria.

La estrategia global: agricultura sostenible para sobrevivir al cambio climático

Los organismos internacionales coinciden: la única vía para enfrentar estos cambios es implementar agricultura sostenible, centrada en:

  • Manejo eficiente del agua.
  • Conservación de suelos.
  • Protección de polinizadores.
  • Mejora de fertilidad y nutrientes.
  • Riego tecnificado y estrategias de adaptación.
  • Control de radiación y manejo de sombra.

¿Y cuál es la situación en el Perú?

Aunque el país cuenta con estrategias frente al cambio climático, estas se enfocan principalmente en:

  • Ecosistemas naturales.
  • Desglaciación.
  • Disponibilidad general de agua.
  • Contaminación.

Sin embargo, no existe una estrategia sólida para enfrentar el incremento de temperatura, la reducción de humedad en suelos cultivables y el acortamiento de ciclos agrícolas. Esto representa un desafío, pero también una oportunidad para impulsar:

  • Nuevas prácticas agronómicas.
  • Innovación tecnológica.
  • Manejo adaptativo de cultivos.
  • Agricultura resiliente.

Conclusión

El cambio climático afectará la agricultura de manera profunda, alterando desde la fisiología de las plantas hasta los mercados globales de alimentos. Comprender la VPD, el manejo del agua y los nuevos patrones térmicos permite anticipar los riesgos y diseñar estrategias de adaptación.

La agricultura del futuro dependerá de prácticas sostenibles, tecnologías de riego, nutrición balanceada y decisiones basadas en datos climáticos y fisiológicos. Prepararse hoy es clave para asegurar la producción, la rentabilidad y la seguridad alimentaria en las próximas décadas.

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